Diego Ramos vivió años bajo los focos de una plaza de toros. Pero desde niño le acompañaba otra voz: la de Julio Iglesias. Cuando dejó los ruedos, no eligió simplemente cantar sus canciones: eligió honrarlas.
Hoy recorre los mejores escenarios de España y Europa con un homenaje de más de cien minutos, orquesta en directo y pura elegancia.
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